La formación en arquitectura aporta algo que la operación inmobiliaria raramente tiene: la capacidad de leer un activo antes de poner precio. De ver en un lote, en un edificio mal gestionado o en un programa desaprovechado, lo que podría ser.
Opero con cartera propia en Buenos Aires y Punta del Este, y trabajo con una red selecta de desarrolladores e inversores. El resultado es acceso real al mercado, no a lo que ya está publicado.
La ventaja no es solo la red. Es el criterio técnico que acompaña cada operación, desde la evaluación hasta el cierre.